A quienes han sido hogar
- Natalia Idárraga

- 8 oct 2023
- 2 Min. de lectura
(Al final de este blog encontrarán el audio, para que lean acompañados si así lo prefieren)
Desde que tengo memoria recuerdo haber vivido en muchas casas, de hecho, recuerdo una infancia con muchas personas alrededor, recuerdo los pisos y las paredes de esos lugares, recuerdo las caras de esas personas, recuerdo algunos gestos, tengo en mi memoria aún las anécdotas que me hacían reír. Todos esos rostros que hoy tienen algunas arrugas y años encima los recuerdo, porque son los de mi familia materna. Una familia que puso a prueba su coraje, valentía y esfuerzo para darnos la mejor vida e infancia a mi hermana y a mi. Así que hoy, estas palabras y esta historia, honran no solo a quienes me han dado una casa, sino que fueron y han sido hogar.

Aun sin tener todas las herramientas que hubiera deseado que mi familia tuviera, nunca recibí una caricia con malas intenciones, nunca recibí un golpe o una mala palabra, fui una niña amada, respetada y valorada. Y aunque eso no me exime de cargar con algunas heridas de infancia, he aprendido a sanarlas, primero, para romper el ciclo y segundo, para entender que mi familia, sobre todo mi papá y mi mamá, hicieron lo mejor que pudieron con lo que tenían. Seguramente muchos compartimos esta realidad.
Así que, después de perdonarnos a nosotros mismos, deberíamos perdonar a nuestros padres y madres, creo que si aprendemos a perdonarlos y a verlos como seres humanos antes que dentro de un rol, entenderemos que también son adultos que tienen heridas de infancia que no han sabido cómo sanar, y por supuesto, también sabremos perdonar a más personas en el camino. No olvidemos esto: si no hemos sabido perdonar, rara vez encontraremos ese perdón allá afuera, cuando seamos nosotros quienes lo necesitemos recibir.
Entonces, aunque esto parezca desprendido al título que vieron al inicio, perdonar a quienes han sido hogar es otra forma de agradecerles por la vida y la infancia que nos dieron. Para que cuando veamos esas caras y esas manos que nos han acompañado todo este tiempo, entendamos que llevaremos gran parte de ellos hasta el último día de nuestras vidas.
Sus historias, enseñanzas y recuerdos los llevaremos impresos en el alma a muchos destinos; sin embargo, no debemos cargar con el reflejo de sus sombras, sino con el de su luz.
Pero, sin duda, algo muy importante que quisiera compartir y que no deberíamos olvidar, es que un hogar también somos nosotros mismos en soledad. Aunque a veces cause miedo y angustia enfrentarnos a ese lugar donde estamos solos, no hay que omitir que ese es el primer hogar que deberíamos aprender a construir, antes de buscar cualquiera allá afuera, que nos llene vacíos y nos cumpla un montón de expectativas.
Así que, hoy, agradezcamos esas múltiples oportunidades que nos permite la soledad y el hecho de aprender a estar con nosotros mismos. Ahí no solo descubriremos el valor que tienen las personas que deciden acompañarnos, sino también, la magia incomparable de que lejos de la dependencia, están esperándonos con mucha ilusión, nuestra libertad y versión más auténtica.
Gracias a quienes han sido hogar, gracias por abrirme las puertas y el corazón.
Y gracias a los hogares que llegarán, estaré esperándolos.
Editado por: Juan Camilo Hernández
Aquí pueden escuchar el texto:
Comentarios